La familia tiene un papel fundamental en el proceso terapéutico. De la mayoría de los estudios realizados en intervención terapéutica en adicciones se deduce que las terapias orientadas a mejorar las relaciones familiares de los adictos constituyen un componente crítico en los programas de tratamiento, por lo que es imprescindible incluir la terapia familiar.

Aun cuando el paciente no inicie el tratamiento, las familias pueden necesitar apoyo para poder movilizar el cambio en el adicto y lograr motivarlo, así como para poder afrontar las dificultades y la tensión familiar en la convivencia con éste.

La familia suele necesitar ayuda para entender y aceptar la enfermedad, lo que puede ser clave para el logro de los objetivos terapéuticos. Además se les ofrece un entorno en el que poder abordar las dificultades de comunicación, las carencias emocionales y la conflictividad relacional que suelen identificarse, logrando así ajustarse a los cambios que se producen a lo largo del proceso terapéutico.

En este proceso también se integrará a la pareja, trabajando con ésta para el logro de los cambios necesarios en la relación